
Se levantó de la cama y se tiró en el sillón. Una gota de transpiración corría por su brazo, su piel ardía. Sabía que esa noche estaría despierto y que sería muy difícil no pensar. Quería borrar de su cabeza imágenes, momentos y frases dichas antes de tiempo.
Odiaba la incertidumbre del día después, odiaba que ella no le hubiera dicho lo que él quería escuchar.
Pensó que era un idiota, se sintió un idiota. Sabía que ahora la pelota estaba en terreno contrario y que solo tenía que sentarse a esperar… ¿Esperar? Él no estaba acostumbrado a esperar. Sólo tenía dos opciones o dejaba correr el tiempo o desaparecía de su vida para siempre. Encendió un cigarrillo, entrecerró sus ojos y se acomodó en el sillón, sin duda sería una noche muy larga.
Full article